ADICCION AL JUEGO

El término “adicción” según la ley romana significa la sumisión, o capitulación a un dueño, o amo. De hecho se apelaba a la misma como justificación de la esclavitud. Quizá sea ésta una de las acepciones que, por poco conocida, no deja de ser relevante, ya que incide en uno de los aspectos principales de los procesos adictivos, que es la dependencia de un “amo”. El amo puede ser el alcohol, los opiáceos, o el juego y se precisa de él para conseguir un estado de bienestar (físico o mental) que lo normal y adaptativo sería poder alcanzarlo sin necesidad de tan oner

La dependencia se completa cuando el objetivo no es tanto conseguir placer, como superar el malestar que se produce por la privación. En definitiva, y éste es un aspecto singular que nos gustaría resaltar en primer lugar, las adicciones representan una de las formas más absurdas de atentado contra la libertad personal. Con independencia de las posibles causas que originan o facilitan la adicción, finalmente uno es dependiente de sus propias acciones.

En principio, cualquier tipo de dependencia es indeseable, insana y de cualquier forma disfuncional y hasta desajustada. No es adaptativo depender del tabaco para concentrarnos en una tarea, como tampoco es sano depender del alcohol para divertirse, consumir éxtasis para sentirse feliz, o depender de la cocaína para rendir eficazmente en el trabajo, o en el sexo. Pero tampoco lo es depender del juego de azar para recuperar pérdidas económicas sufridas por el propio juego, del trabajo para mantener autoestima, del cónyuge para tomar decisiones, o de la religión para pensar. En todos estos casos, la persona debería ser capaz de resolver los problemas que se le presentan sin depender para ello de agentes externos como los que hemos mencionado. No quiero decir con esto que nunca haya que beber alcohol, jugar o casarse. El problema es cuando no podemos solucionar los problemas sin acudir a ellos. El círculo se cierra definitivamente cuando los problemas son inducidos precisamente por la propia adicción.

Las adicciones a sustancias tóxicas tienen un inconveniente añadido, que es el de que perjudican seriamente la salud (como se dice en las cajetillas de tabaco), por lo que los problemas que provoca la dependencia (ya de por sí importantes) se agravan por el daño que puede llegar a producir en el organismo el abuso del consumo. Pero en muchos casos, antes de que se produzca el cáncer de pulmón, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida o la cirrosis hepática, la adicción ya ha provocado una serie de daños que afectan a la calidad de vida y al ajuste psicológico personal, ha limitado (y empeorado) nuestras relaciones sociales y familiares, minado nuestra autoestima, desorientado los principales mecanismos cognoscitivos implicados en la toma de decisiones y, principalmente, alterado nuestra vida afectiva hasta el punto de convertir la situación en insoportable.

Chóliz, M. (2008). Adicción al juego de azar. Buenos Aires: deauno.com